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  • Teia Goy: “En un colectivo profesional no se trata de estar, se trata de participar”

Colegiado del mes

7
oct
2026

Teia Goy: “En un colectivo profesional no se trata de estar, se trata de participar”

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Asesora en sanidad vegetal y socia fundadora en Biotanica SL. Colegiada del Col·legi d'Enginyers Tècnics i Forestals de Catalunya.


Teia Goy es curiosa, observadora y con pocas ganas de quedarse quieta. La Ingeniería Agrícola apareció en su camino por circunstancias de la vida y, con los años y mucho campo de por medio, terminó descubriendo que realmente era su sitio.

Es una mujer de equipo. Pregunta cuando no sabe, comparte cuando descubre algo y agradece que otros técnicos aporten su mirada. Entiende el conocimiento casi como un bien común.

Tampoco concibe la agricultura olvidándose de quien la hace posible. Tecnología, sostenibilidad y exigencia ambiental, sí. Pero con conocimiento técnico, sentido práctico y el agricultor en el centro. Quizá por eso defiende que cultivar y producir profesionalmente es un arte, no menor que la pintura, la arquitectura o la música.

Asesora en sanidad vegetal, socia fundadora de BIOTANICA, S.L. y miembro de la Junta de la demarcación de Girona del Colegio de Ingenieros Técnicos Agrícolas y Forestales de Cataluña, Teia ha construido una forma de trabajar muy suya: observar, preguntar, compartir y seguir aprendiendo.

Te la presentamos en esta entrevista.

  • Teia, sitúate en el año en el que tras terminar el instituto tienes que decidir qué estudiar. ¿Qué te llevó a elegir Ingeniería Agrícola?

Mi ilusión al terminar COU era estudiar Medicina. Hice los exámenes de admisión en la Universidad de Navarra, pero no conseguí plaza, tenía la opción de acceder a Farmacia para poder pasarme al año siguiente a Medicina así que me matriculé.

Afortunadamente durante ese año vi claro que Medicina no iba a ser lo mío. Seguí un año más en Farmacia y al terminar el segundo año por motivos familiares, necesité volver a Girona donde no era posible seguir con esos estudios y, por tanto, tenía que volverme a replantear mi formación, sin moverme de la ciudad.

Una amiga que me conocía bien me sugirió: “¿por qué no consideras la opción de Ingeniería Agrícola?”.

Era un cambio de 180º pero no lo pensé mucho, siempre me ha gustado todo lo que sea contacto con la naturaleza, tengo una curiosidad innata por aprender y soy observadora, características que se verían potenciadas por esos estudios.

Tenía, por parte de padre, familiares que eran -y siguen siendo- agricultores, pero en general desconocía totalmente ese ámbito.

Era un nuevo enfoque que, de entrada, me resultaba atractivo, aunque en ese momento no podía calibrar el mundo de posibilidades profesionales que vendrían con esa elección.

Me matriculé en Ingeniería Agrícola en la única especialidad que había en ese momento en la UPS-UdG en Girona: Explotaciones Agropecuarias.

  • ¿En qué momento fuiste consciente de que esa elección, digamos, circunstancial, había sido una gran decisión?

Desde el principio me sentí cómoda en el ámbito de esos estudios, pero diría que “disfrutar de mi elección” y ser consciente de “haber acertado plenamente” fue pasados algunos años después de terminar los estudios, cuando comencé a “pisar campo” profesionalmente.

Cuando por mi trabajo pude estar al lado del agricultor para aportar seguimiento y conocimiento técnico al manejo de sus cultivos. Cuando campaña tras campaña agrícola pude observar y compartir los retos a los que se enfrenta cada agricultor para producir alimentos, cuidar el entorno y vivir de su trabajo.

¡Realmente tenemos una profesión apasionante y además bonita! Una profesión en la que no existen dos años iguales, dos clientes iguales. Una profesión que te obliga a estar constantemente formándote para estar al día.

  • Tu vida profesional arranca siendo docente durante más de una década, ¿por qué ese camino? ¿Qué te aportó?

Antes de terminar los estudios en Girona -cursos acabados, pero Proyecto Final Carrera sin entregar- me ofrecieron un trabajo en una escuela de Formación Profesional en Lleida. Una EFA (Escuela Familiar Agraria) cerca de Raimat dónde las alumnas cursaban formación en un sistema dual, en alternancia.

Mi intención inicial al aceptar era acabar y presentar mi Proyecto para incorporarme a los estudios superiores en la Universitat de Lleida y trabajar dando clases al mismo tiempo. Luego -como suele pasar- la vida misma me hizo elegir entre ambas opciones puesto que las dos eran muy exigentes en cuanto a dedicación y me resultaron incompatibles. Elegí el trabajo.

Así estuve durante 11 años dando clases de diversas materias no específicas: matemáticas, ciencias, contabilidad, inglés, gestión del tiempo… Además de coordinar las estancias de prácticas de las alumnas en las empresas.

Una experiencia magnífica en todos los sentidos: profesional -tener que enseñar a otros te ayuda a afianzar tus conocimientos- y también humano, creando lazos con múltiples familias del entorno rural, lazos que perduran hasta el día de hoy, con grandes amistades.


  • Y de pronto, das el salto al terreno. Dejas la docencia y pasas a la empresa privada, a pisar el sector, y poco más tarde, a ser autónoma. ¿Por qué ese giro argumental? ¿Cómo te fue?

Dejo la escuela en el año 2000 porque surge la posibilidad de trabajar en Almacelles (Lleida) en una empresa muy bien posicionada en el sector, que ofrecía servicios agrícolas y comercializaba fitosanitarios, semillas, fertilizantes, etc.

En el año 2005, de nuevo por motivos familiares, tuve que regresar a Girona. Tenía claro que quería empezar a “pisar campo” y tuve la suerte de recibir una oferta de otra empresa de distribución de fitosanitarios, fertilizantes y semillas en Vilobí d’Onyar.

Enseguida me plantearon la posibilidad de hacer un trabajo técnico-comercial y de lanzarme a ofrecer sus productos a clientes agricultores. Trabajé en esas tareas de 2006 hasta finales de 2013, aprendí muchísimo en ese trato directo con los agricultores, buscando soluciones para los retos del día a día en cultivos extensivos, ensayando nuevas estrategias de control de plagas, enfermedades, hierbas no deseadas, etc.

Sin embargo, poco a poco me fui dando cuenta de que la parte comercial no era para mí. No me sentía cómoda vendiendo productos. Y en cambio cada vez me gustaba más el aspecto técnico de mi trabajo.

Así fue cómo en 2014 inicié mi andadura como asesora en sanidad vegetal, dejando AGROSALVI SL y entrando en el régimen de trabajadores autónomos.

Desde el principio algunos clientes que ya me conocían por mi trabajo como técnico-comercial me pidieron asesoramiento en campo. Buscaban asesoramiento independiente de la venta de insumos, eso les daba seguridad en sus decisiones.

Finalmente, en abril de 2023, junto a otro socio, acordamos crear BIOTANICA SL. Hace un año, con un volumen de trabajo en aumento, hemos podido contratar a otra joven ingeniera para atender las solicitudes de nuevos clientes y seguir creciendo.

Nos centramos en el asesoramiento en sanidad vegetal y fertilización mayoritariamente en cultivos extensivos, vid y olivo.

  • ¿Qué retos profesionales se presentan ahora desde BIOTANICA?

Mi objetivo es trabajar cada vez más en campo. Ofrecemos un servicio de visitas periódicas que nos permiten hacer el seguimiento fenológico del cultivo, detectar la presencia de plagas y/o enfermedades, monitorizar síntomas y hacer las recomendaciones oportunas de actuación.

Me preocupa el incremento brutal de burocracia para los agricultores, que casi siempre se acaba trasladando a los técnicos. Me preocupa que esa burocracia nos esté limitando el tiempo de dedicación al campo, a las tareas realmente productivas, para dedicarlo a registros que muchas veces son inútiles para el agricultor y también para la Administración.

Otro reto es saber acompañar y transmitir mejor al agricultor la necesidad de profesionalizar su forma de trabajar, de incorporar poco a poco tecnología en su trabajo diario, de forma que no la vea como algo que entorpece sino como algo que facilita.

Cuánta tecnología que hoy día lleva incorporada un buen tractor o una cosechadora está infrautilizada por quien la usa porque no se le ha formado para que de forma ágil pueda obtener y luego usar esos datos en la gestión de su finca.

El tercer reto es la formación constante del equipo.

  • La sanidad vegetal ha cambiado muchísimo en los últimos años, por normativas, por tecnología, por el clima… ¿Cómo ha evolucionado tu trabajo como asesora?

El cambio es evidente. La frecuencia con que aparecen nuevas plagas y/o enfermedades, la reducción drástica de materias activas disponibles y la normativa restrictiva que ha dejado prácticamente sin soluciones a determinados cultivos frente a determinadas plagas, el cambio a agricultura ecológica o regenerativa especialmente en algunos cultivos, hacen que cada día haya que esforzarse por conocer mejor tanto los cultivos que asesoramos como los organismos que los pueden afectar y las posibilidades o alternativas de control.

El asesoramiento debe afinar más -usando la tecnología y el conocimiento disponibles- para que, en un escenario de altos costes y bajos precios de venta, cultivar con máximo respeto al medioambiente siga siendo viable para el agricultor.

Por otro lado, me gustaría hacer un comentario sobre el actual Registro de Productos Fitosanitarios del MAPA.

Como técnicos ese Registro es nuestro vademécum, ¿cómo es posible que, en la época de la IA, las descripciones y los filtros de consulta sean tan confusos e interpretables? ¿Por qué debemos hacer consultas constantes para asegurar que interpretamos bien la posibilidad de uso o no de un producto?


  • Nos hablas del problema con la burocracia. ¿Cómo vives esta parte de tu trabajo y cómo lo viven los principales afectados?

Es un tema que me preocupa muchísimo. No consigo comprender cómo hemos permitido que se llegue a los niveles actuales de burocratización, que además tienen tendencia al alza a corto plazo.

A la mayoría de agricultores esa carga les supera ampliamente. Las explotaciones en general no son grupos de trabajadores que pueden hacer entre todos las tareas de campo y las burocráticas, son muchas veces agricultores/as solos o como mucho con una ayuda dentro de la familia o externa, y a ellos les toca todo.

Me gustaría ver a cada una de las personas que firman esos decretos y normativa en su piel, me gustaría ver cómo se las arreglan para cumplir con todo.

Cada vez oigo más agricultores que me dicen: “Teia yo, con el trabajo de la tierra, con el ganado, con la comercialización, creo que puedo, pero ya no puedo más con los ‘papeles’, se va a acabar”. Desgraciadamente ya he vivido el abandono de varios buenos agricultores, cansados de llevar esa carga inútil.

Y pienso que el registro de lo que se aplica, el control de las aplicaciones de nitrógeno en el suelo, la formación de los aplicadores, las revisiones de maquinaria, etc. son necesarios. Hay unos mínimos que deben ser obligatorios, pero se han superado con creces esos mínimos.

  • Eres muy activa en X e IG y desde ahí conectas con mucha gente. ¿Colaborar antes que competir?

¡Por supuesto, definitivamente colaborar siempre! Cada vez es más evidente la necesidad de contar con las observaciones y los conocimientos de otros compañeros ingenieros, de los mismos agricultores y también de profesionales o investigadores de otras disciplinas. No se puede saber mucho de todo, no tenemos experiencia en todos los cultivos, en todas las plagas o enfermedades.

Estamos en un mundo global, realidad especialmente crítica en agricultura. El movimiento de mercancías, de personas, de productos alimentarios a nivel global es continuo y genera movimiento y dispersión de especies entre continentes.

Si hoy se confirma que ha llegado una nueva plaga a la vid italiana, por ejemplo, podemos estar seguros que mañana la detectaremos también aquí. Todo el conocimiento y manejo de dicha plaga acumulado en Italia se comparte para gestionarla lo mejor posible aquí y viceversa, no tiene sentido empezar de cero cada vez.

En cultivos extensivos o en viña tenemos grupos de técnicos que nos comunicamos y nos reunimos con relativa frecuencia para compartir conocimiento y estrategias.

En este sentido las redes sociales me sirven precisamente para compartir lo que veo cada día mientras realizo el trabajo de campo.

Pienso que, si lo comparto, igual un agricultor dice: voy a ver si en mis campos también tengo ahora ese problema, o es capaz de identificarlo con las fotografías o vídeos que suelen acompañar los posts.

O al revés, alguien me manda una fotografía para ver si puedo ayudarle a identificar la causa de esos síntomas. U otro técnico me hace una sugerencia o me corrige una explicación. ¡Fantástico!

La cuestión diría que es tener siempre un tono positivo, abierto a la colaboración, sincero: si no se sabe no se sabe, ¡no pasa nada!

  • En esta visión de la profesión donde gana la colaboración, ¿qué papel tienen los colegios profesionales y qué les dirías sobre la colegiación a los futuros Ingenieros Agrícolas?

Los colegios profesionales son, a mi entender por definición: colaboración, comunicación, formación y apoyo.

Cuando quizá no se ve la necesidad de estar colegiado y se discute si es útil o no pagar esa cuota trimestral para pertenecer al colectivo, si realmente se obtiene “algo de valor a cambio”, creo que no se está entendiendo que en ese colectivo no se trata de “estar”, se trata de participar.

Cada cual obtiene en la medida en que manifiesta sus necesidades de formación y se implica aportando ideas, temas, ponentes, empresas, contactos…

Además, nuestra profesión tiene innumerables facetas. Quien no vea en esa variedad una fuente de riqueza en experiencia y conocimiento tendría una visión muy reducida de la profesión y del colectivo.

Tenemos todo el apoyo legal a nivel profesional y, por tanto, una tranquilidad a la hora de defender nuestras competencias y responder ante posibles denuncias o querellas.

Mi consejo para futuros Ingenieros Agrícolas: ¡¡implícate y no dudarás de la conveniencia de estar colegiado!!

  • ¿Cómo ves el futuro de la profesión y tu futuro en concreto? ¿Te queda alguna inquietud profesional por explorar?

El futuro de la profesión lo veo esperanzador. No creo que a los futuros Ingenieros Agrícolas les falte trabajo, a los actuales por lo menos a los que conozco, nos sobra, ¡no llegamos a todo!

Siempre será necesario ese puente que conecta los avances en la investigación científica teórica con el agricultor -que es el verdadero protagonista en nuestro ámbito-, traduciéndolos a un lenguaje comprensible con unos medios e indicaciones prácticos. Ésa, creo, es nuestra función.

Cultivar y producir profesionalmente es un arte, no menor que la pintura, la arquitectura o la música. Cambiarán quizá las técnicas, cambiarán las dimensiones, cambiará el clima, pero todos seguiremos necesitando alimentarnos para vivir y, por tanto, deberíamos cuidar especialmente a los “artistas” que cultivan la tierra, que producen nuestro alimento, en vez de ponerles cada vez más trabas, más exigencias, más presión.

Me gustaría explorar más las aplicaciones de la IA a nuestro trabajo, sobre todo a nuestro trabajo de campo. Seguramente, la IA puede facilitarnos ese trabajo. Pero creo que vamos a tener que ir paso a paso en esa incorporación.

No me gustaría pensar en un futuro de “sólo máquinas” y sólo alimentación artificial, pienso que ese paso sería no un avance sino un claro retroceso de nuestra especie en el mundo en que nos ha tocado vivir. ¡No dejemos de ser humanos y humanistas, por lo que nos va en ello!



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