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6 may 2026
Presidente de ASAJA Alicante.Ingeniero Técnico Agrícola, colegiado del Colegio de Ingenieros Técnicos Agrícolas y Graduados de Alicante (COITAGRA).
¿Puede una profesión marcar tanto que acabe formando parte de tu forma de estar en el mundo?
José Vicente Andreu no lo duda: ser Ingeniero Técnico Agrícola no es solo la carrera que estudió, es una manera de vivir. Una identidad que, en su caso, se le impregnó en una casa de campo sin agua ni luz, entre caminos de tierra y una pequeña huerta donde ya de niño jugaba a ser agricultor… Una identidad que, 40 años después, continúa intacta, como la tierra que sigue manchando sus zapatos.
En esta conversación hay campo, hay técnica, hay reivindicación y también mucha verdad. La de quien ha pasado del anonimato de su explotación a la primera línea de la defensa agraria, sin perder nunca el norte, enarbolando la bandera del agua, la tierra y el sentido común.
En esta entrevista no habla el representante de una importante asociación agraria, nos habla José Vicente, el compañero, el Ingeniero Técnicos Agrícola.
Así es, desde que tengo conocimiento mis orígenes han estado ligados al mundo rural y la actividad agraria desde finales del siglo XIX, cuando mi bisabuelo, Sebastián Andreu García, de origen navarro-aragonés, se establece como mediero en una finca pobre y de secano en Torremendo, Orihuela. A principios del siglo XX adquiere dicha finca y allí nacería mi abuelo, mi padre, mis hermanos y yo.
Con estos antecedentes es fácil entender mi vinculación al campo y la agricultura.
Desde que nací he vivido en primera persona este sector y esta forma de vida. Y no fue fácil, pues el entorno era absolutamente hostil si lo comparamos con la vida actual.
Nací en una casa de campo, sin agua potable, sin energía eléctrica y a la que se llegaba por caminos de tierra. Sin escuela, sin asistencia médica, sin tiendas, sin un parque donde jugar con otros niños. Así eran los primeros años de la década de los 60 del pasado siglo en el mundo rural.
En ese entorno yo jugaba a ser agricultor. Tenía mi minihuerta de 5 ó 6 m² en la que cultivaba las semillas que ‘distraía’ de la cocina de mi casa. Ver crecer a las judías, garbanzos o lentejas fue un juego para mí. En mis primeros años de escuela recuerdo que todo lo relacionado con la naturaleza eran mis asignaturas favoritas.
Me formé como Ingeniero Técnico Agrícola porque era mi camino natural. Desde mi infancia conocí una agricultura que poco había avanzado en comparación con la agricultura de tiempos de los romanos o de los árabes.
Sin embargo, en el sur de Alicante teníamos una oportunidad histórica, fruto de casi un siglo de esfuerzo en planificación hidrológica en España. Hablo de la llegada del trasvase Tajo-Segura. Yo que nací en el secano más duro que se pueda imaginar, tener la perspectiva de una agricultura de regadío era un sueño por el que había que apostar.
Esta profesión de ITA me dio libertad, me abrió el camino de lo que ha sido y sigue siendo mi vida. Son 40 años de profesión en la que los cambios han sido brutales. He vivido la revolución tecnológica de la sociedad y de la agricultura, siempre observada desde la óptica de un Ingeniero Técnico Agrícola, con los zapatos llenos de polvo y en ocasiones de barro.
Y, efectivamente, me formé también como Ingeniero Agrónomo por la vía de un curso puente del que durante muchos tuve recuerdos en forma de pesadillas con la ampliación de matemáticas o física. Agrónomos me dio otra perspectiva, pero soy hombre de campo, de observar las plantas, de mirar el agua, de amaneceres y atardeceres en la naturaleza. Me considero una persona muy humilde, me lo inculcaron mis padres.
Teniendo en cuenta todo esto mi condición de Ingeniero Técnico Agrícola me define perfectamente como persona y como profesional. Lógicamente también valoro mi formación como Ingeniero Agrónomo. Pero lo de ITA es especial. Es amor a la tierra, a una cultura rural, a una historia familiar.
Pues fue un terremoto. Lo primero que hice fue colegiarme. En unos meses hará 40 años. Los trabajos llegaban solos. Sobre todo topografía y pequeños proyectos de naves, transformaciones agrarias, embalses, regadíos, certificaciones de calidad… Todo lo que se presentaba, y ello compaginado con la gestión de la finca familiar.
Así hasta 2010 año en el que decido iniciar un camino más orientado a la producción de cítricos. Adquiero alguna finca y sobre todo alquilo varias explotaciones hasta alcanzar algo más de 100 ha de cultivo. Pero sigo con el desarrollo de mi profesión de ITA.
Los últimos cinco años han sido muy intensos, por lo que ha acontecido con el COVID y las guerras que nos rodean y condicionan, y por asumir la presidencia se Asaja Alicante.
Lo de Asaja Alicante cambió mi vida. De ser un anónimo agricultor, a salir en los medios reivindicando futuro para este sector. En lo personal supone mucho sacrificio. Mío y, sobre todo, de mi familia. De Ana, mi compañera de vida. Afortunadamente mis hijas son mayores e independientes. Gracias a ello he podido afrontar esta nueva etapa en mi vida.
A los ‘focos’ te acostumbras. Lo importante es que no te deslumbres, saber qué debo seguir llevando tierra en los zapatos. No perder el horizonte de las cosas. Servir a la sociedad y al sector. Es más importante saber escuchar que hablar.
Es difícil elegir. Hay muchos frentes abiertos. Relevo generacional, competencia desleal de terceros países, burocracia, políticas agrarias alejadas de las necesidades el sector… Son muchos frentes. Pero viviendo en Alicante, el agua debe ser el objeto fundamental de nuestro trabajo. Es nuestra mayor amenaza.
Agua trasvasada, agua desalada, agua regenerada, agua subterránea o agua de río. Todas las aguas, independientemente de su origen, son necesarias.
Por todas hay que pelear. Conseguir seguridad en el suministro hídrico debe ser nuestra gran batalla.
Mientras esté vivo seré Ingeniero Técnico Agrícola. Es algo que una vez que lo eres nunca se deja de serlo. Se graba en el ADN. Cuando deje la presidencia de Asaja volveré más a mis campos, a mi casa. Espero tener nietos o nietas a las que inculcar el amor a la tierra, a los orígenes. Volveré a disfrutar sin prisas de mi profesión de Ingeniero Técnico Agrícola. Seguiré activo mientras la salud me lo permita.
Como la lluvia fina. Que te moja sin darte cuenta. Para transmitir amor, hay que vivir en el amor. Hablar de los árboles, de las plantas, pasear por el campo, enseñar y observar. Nunca forzar, sólo invitar a la reflexión. También hay que enseñar a resistir, incluso a sufrir. La agricultura da satisfacciones, pero también da disgustos. Hay que mostrarlo todo y tratar de conseguir que se siga con una tradición de cuidar la tierra. Después ellas decidirán.
El colegio de ingenieros es un punto de encuentro de la profesión. La unidad hace la fuerza. El colegio es la unidad de la profesión. En la medida en la que el Colegio sea fuerte, la profesión será fuerte y reconocida. Vivimos tiempos en los que los valores se ponen en cuestión. Todo se cuestiona. El colegio es incuestionable e insustituible como garantía de fortaleza de esta profesión.
Yo viví el final de la época de los peritos agrícolas de los años 70, y el final de lo que fue el Servicio de la Extensión Agraria como herramienta de servicio y asesoramiento agrario del Estado. Después llegaron los Ingenieros Técnicos Agrícolas a cubrir ese servicio desde la iniciativa privada. Dimos cobertura técnica a la revolución agraria, lo que supuso la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, actual Unión Europea. Hemos jugado un papel clave en el desarrollo económico y social de este país. Tras estas últimas cuatro décadas, entramos en una nueva fase de la profesión, la era de la digitalización y la inteligencia artificial aplicada al sector agrario. El ingeniero Técnico Agrícola de las próximas décadas jugará un papel clave en esta nueva etapa. Todo no puede ser IA y autómatas. Tanto la IA como todos los dispositivos digitales deben pasar el filtro supervisor de la inteligencia superior, la humana. Ese debe ser nuestro papel. Supervisar y analizar. Aplicar el conocimiento y nuestra experiencia en explotaciones agrícolas muy tecnificadas, pero que nunca podrán funcionar como un autómata. Siempre van a necesitar del criterio de una mente superior, bien formada y multinacional, la de un ITA. Esta profesión tiene todo el futuro que podamos ser capaces de imaginar.
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Colegiado del mes